Tal vez no sea el texto más bonito que alguien pueda escribir, tal vez ni si quiera sea bonito, pero era algo que necesitaba escribir, necesitaba decir; era algo que necesitaba que alguien, a parte de mi, lo supiera...
Hoy, después de tres años y medio o algo más, ya ni quiero recordarlo, encontré en un cajón abandonado y perdido mi viejo móvil, tal y como lo metí hace casi tres años y medio, sin moverse, sin haber cambiado. Al verlo recordé cientos de llamadas, decenas de mensajes, miles de toques...todos de él. Recordé una etapa de mi vida que por muchos de mis días anhelé olvidar, creo que recordé la peor etapa de mi vida. A él no le culpo, fue la situación lo que nos llevó a acabar de esa manera. Aunque por tiempo lo odié, ya no lo odio, él no tiene la culpa. Fue el momento, la situación y la niñería de la edad, que aún conservándola ya ha cambiado. Fue la situación, solo la situación. Como dije el amor es perfecto, a él tampoco lo culpo. El amor no tiene la culpa de su mal uso pues él nunca participo, nunca hubo amor. Solo heridas, llantos, sollozos y leves alegrías engañadas y olvidadas cada fin de semana al verlo. Pero no lo culpo, él no tiene la culpa, fue la situación, fue el momento lo que nos llevó a comportarnos así, pero a él no lo culpo, no, a él no lo culpo... En realidad ya lo perdone, ya lo he perdonado.
Recuerdo esos mensajes acabos en "Buenas noches princesita mia, que sueñes con angeles" o niñerías así que juro nunca volver a repetir. O tal vez lo repita, pero no de esa manera, nunca de esa manera. Recuerdo falsas sonrisas y juegos de niños, recuerdo los mensajes, recuerdo los momentos, recuerdo lo absurdo que fue todo ello...lo recuerdo todo, todo menos una sola cosa. No recuerdo el dolor.
No recuerdo el dolor, no, ya no lo recuerdo. Recuerdo que sufrí, pero ya no sufro, no recuerdo el por qué. Lo se, pero no lo siento. No siento ganas de llorar ni como se escapan millones de trozos de mi alma en cada una de esas lágrimas, no siento como se quiebra mi corazón mientras lo pienso, no me siento sola, usada o tirada, no lo siento, porque no existe. No existe el dolor, si el recuerdo, pero no el dolor. No existe porque ya no duele, y ya no duele porque fue curado. La niña recuerda el día que cayó de su bicicleta, recuerda que se hizo heridas y salió sangre, recuerda que lloraba; pero ya no llora porque ya no hay heridas, alguien las curo, ya no existen. No hay más heridas, no hay más dolor.
Siento lo mismo, recuerdo que lloré, recuerdo que me dolió, recuerdo que no quería seguir viviendo más, pero no lo siento. No, ya no lo siento. Es más, recuerdo que fallé, me arrepiento de eso, pero siento que tengo ganas de vivir, vivir más. Por todo ese tiempo perdido vivir más, y mejor. No volver a equivocarme, seguiré fallando porque no puedo remediarlo, pero no me equivocaré más en eso. Es cierto que lloré, sufrí y aún desee la muerte, pero sirvió...sirvió porque salí de ese callejón sin salida guiada por una Luz, una Luz diferente. Sirvió porque ya no estoy allí, y cada vez que me acerco a ese lugar, alzo los ojos y lo veo y me recuerda que no quiero volver allí, me doy la vuelta y sigo a esa Luz, Luz que me guía, nunca me abandona.
Si, es verdad, sufrí, pero sirvió para no equivocarme mas.... tal vez no fue la mejor manera de aprender, seguro que no lo fue, pero sirvió y ahora estoy bien. Y eso es lo que realmente importa, solo eso...Oh, y la Luz, Luz que aún sigo, Luz que me salvó.
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